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Los conflictos armados hoy en día no solo se libran en tierra o en los cielos, sino que se han expandido al ámbito digital. Las campañas de desinformación ahora juegan un papel enorme en intentar romper la confianza en líderes e instituciones, fomentando tensiones entre grupos identitarios y, a veces, incluso socavando por completo los esfuerzos de paz. Tome como ejemplo la guerra civil de Sudán: la lucha entre el ejército gubernamental y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) no es solo física. Los deepfakes generados por IA que muestran bombardeos falsos y contenido inflamatorio han inundado las redes sociales, usados por ambos bandos para dividir la nación y reunir a sus seguidores. De manera similar, el conflicto Israel-Hamas ha visto intensificarse las operaciones cibernéticas y la guerra de información, especialmente con Irán apoyando las capacidades cibernéticas de Hamas e Israel atacando las unidades cibernéticas de Hamas.\n\nLa situación de Ucrania es otro ejemplo claro. Los ciberataques vinculados a Rusia contra redes eléctricas e infraestructuras estatales interrumpen repetidamente la vida civil y crean efectos en cadena mucho más allá del campo de batalla. Estas tácticas digitales y cibernéticas no solo reflejan el conflicto físico, sino que pueden alimentarlo, haciendo que las guerras duren más y a veces continúen incluso después de que la violencia tradicional se detenga. A pesar de esto, la mayoría de los ceses al fuego y acuerdos de paz no abordan realmente estas dimensiones digitales, y las estrategias de mediación de paz siguen siendo en gran medida analógicas.\n\nAunque la construcción de paz digital se ha utilizado para abordar la polarización impulsada por la tecnología, el extremismo y el discurso de odio durante casi 20 años, la mediación de paz no ha alcanzado la escala y complejidad de la guerra de información y cibernética. La mediación ya es difícil porque los conflictos actuales son más complejos y fragmentados. Por ejemplo, la guerra en Ucrania involucra múltiples patrocinadores, y guerras civiles como la de Sudán involucran numerosos grupos rebeldes y milicias locales. Esta red de actores hace que negociar la paz sea mucho más complicado, y la desinformación y ataques cibernéticos solo aumentan esta confusión.\n\nPara adaptarse, los pacificadores deben centrarse en seis prioridades principales. Primero, deben comenzar a monitorear los conflictos desde el principio, no solo en tierra sino también digitalmente y en el ciberespacio. Esto significa rastrear narrativas del conflicto en línea, cómo tecnologías como la IA amplifican la desinformación, ciberataques a infraestructuras y las formas en que las herramientas digitales se están armando. Entender quiénes son los saboteadores, cómo operan digitalmente y si hay patrocinadores externos involucrados es crítico para moldear negociaciones de paz efectivas.\n\nSegundo, los equipos de mediación deben volverse expertos digitales. Deben incluir expertos en ciberseguridad o asociarse con organizaciones que tengan esta experiencia. Capacitar a los mediadores en riesgos digitales, asegurar canales de comunicación seguros y trabajar con plataformas tecnológicas para limitar daños en línea son pasos clave. También necesitan estrategias para manejar a los saboteadores digitales, como granjas de trolls o grupos de hackers que difunden información falsa para interrumpir las negociaciones.\n\nTercero, los acuerdos de paz y ceses al fuego no pueden ignorar el campo de batalla digital. Excluir operaciones cibernéticas y desinformación pone en riesgo romper acuerdos y que los conflictos resurjan. Algunos acuerdos han comenzado a incluir cláusulas contra la propaganda y el discurso de odio, como los de Kenia, Libia, Sudán del Sur y Etiopía. Pero rara vez se monitorean o evalúan adecuadamente. Con muchos países y grupos ganando capacidades cibernéticas, especialmente potenciadas por IA, incluir disposiciones claras sobre ciberseguridad se vuelve esencial, aunque difícil de negociar debido a asimetrías de poder y desafíos para verificar acciones cibernéticas.\n\nFinalmente, las herramientas digitales deben usarse para ampliar la participación e inclusión en los procesos de paz. La construcción de paz digital ya ha sentado las bases para esto usando tecnología para fomentar el diálogo y ampliar las consultas más allá de quienes están físicamente presentes en las negociaciones. A medida que los conflictos continúan evolucionando en complejidad, integrar dimensiones digitales en cada fase de la construcción de la paz ya no es opcional sino necesario.