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El mes pasado, el huracán Melissa atravesó el Océano Atlántico, convirtiéndose en una monstruosa tormenta de Categoría 5 con consecuencias devastadoras para las islas del Caribe. La tormenta causó una destrucción severa en Jamaica, Cuba, Haití y República Dominicana, cobrando trágicamente al menos 67 vidas. Las estimaciones de daños de AccuWeather sugieren que el costo financiero podría alcanzar los 50 mil millones de dólares. Los científicos ya habían advertido que el cambio climático jugó un papel importante en la intensificación de Melissa. Debido al calentamiento global, el combustible del huracán—las aguas cálidas del océano—se volvió hasta 900 veces más probable que estuviera tan caliente, aumentando la velocidad del viento en aproximadamente 10 a 11 mph. Incluso aumentos aparentemente modestos en la velocidad del viento pueden amplificar dramáticamente los daños.\n\nInvestigadores de World Weather Attribution encontraron que el cambio climático no solo aumentó las velocidades del viento de Melissa, sino que también incrementó su lluvia extrema en un 16 por ciento. Las probabilidades de que ocurriera una tormenta tan poderosa aumentaron aproximadamente seis veces debido al calentamiento provocado por el hombre. Ben Clarke, investigador del Imperial College London, enfatizó que todos los aspectos de este evento fueron amplificados por el cambio climático, advirtiendo que ocurrirán más tormentas como esta a medida que las emisiones de combustibles fósiles continúen sin control.\n\nLos huracanes necesitan tres cosas principales para fortalecerse: alta humedad, baja cizalladura vertical del viento y agua cálida del océano para transferir energía. Melissa pasó mucho tiempo moviéndose lentamente—aproximadamente de 1 a 3 mph—a través de aguas superficiales y subsuperficiales excepcionalmente cálidas, lo que le permitió acumular un poder destructivo inmenso. A diferencia de algunas tormentas que enfrían el océano debajo de ellas, el camino de Melissa estuvo sobre aguas cálidas en profundidad, lo que significó que continuó recargándose. Esto ayudó a que se intensificara rápidamente, duplicando su velocidad del viento de 70 a 140 mph en solo 18 horas—una tasa muy superior al umbral para la "intensificación rápida extrema."\n\nEste fortalecimiento rápido cerca de las costas es particularmente peligroso ya que las comunidades locales a menudo se preparan para tormentas más débiles y son tomadas por sorpresa por la intensificación repentina. Además de los vientos feroces, Melissa trajo una enorme marejada ciclónica, elevando los niveles del agua hasta 16 pies en Jamaica y destruyendo áreas costeras. El aumento del nivel del mar, agravado por el cambio climático, amplificó el impacto de esta marejada. Las aguas más cálidas se expanden, ocupando más espacio y contribuyendo al aumento del nivel del mar.\n\nLa lluvia de Melissa también fue catastrófica. Una atmósfera más cálida retiene más humedad, lo que conduce a lluvias más intensas durante las tormentas. Los vientos extremos del huracán también ayudaron a exprimir más agua del cielo. En Jamaica, eventos de lluvia intensa como este ahora son un 30 por ciento más intensos y el doble de probables. La geografía empeoró las inundaciones, ya que el agua de lluvia bajó rápidamente por las montañas hacia los valles. El suelo ya estaba saturado por lluvias previas, por lo que no pudo absorber el diluvio, causando inundaciones generalizadas.\n\nAfortunadamente, los avances en la predicción permitieron a los meteorólogos anticipar la rápida intensificación de Melissa con buena precisión, dando a la gente tiempo valioso para prepararse. Jamaica abrió cientos de refugios de emergencia y Cuba evacuó a más de 700,000 residentes de áreas vulnerables. Según expertos en desastres, esta mejora en la predicción probablemente salvó muchas vidas. Sin embargo, sin memoria reciente de una tormenta tan fuerte, la preparación sigue siendo un gran desafío para estas comunidades a medida que huracanes tan poderosos se vuelven más comunes.