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El Super Tifón Fung-wong golpeó la costa noreste de Filipinas con una fuerza devastadora, obligando a más de un millón de personas a evacuar de áreas de alto riesgo propensas a inundaciones repentinas, deslizamientos de tierra y marejadas. Llegando tarde el domingo por la noche al pueblo de Dinalungan en la provincia de Aurora, la tormenta sopló con vientos sostenidos que alcanzaron las 115 mph y ráfagas de hasta 143 mph. Fung-wong, conocido localmente como Uwan, se considera el tifón más grande que amenaza al país en años, con su banda de lluvia y viento extendiéndose por más de 1,100 millas y potencialmente afectando a dos tercios del archipiélago.\n\nLa tormenta tocó tierra mientras Filipinas aún lidiaba con las secuelas del Tifón Kalmaegi, que había golpeado a principios de esa semana causando una destrucción masiva y cobrando al menos 224 vidas en las provincias de las islas centrales. Kalmaegi también avanzó hacia Vietnam, donde causó al menos cinco muertes. Debido a los daños extensos causados por Kalmaegi y la amenaza inminente de Fung-wong, el presidente Ferdinand Marcos Jr declaró estado de emergencia, permitiendo a las agencias de emergencia movilizar recursos rápidamente.\n\nLas autoridades advirtieron a los residentes sobre el peligro extremo que representan los vientos y lluvias de Fung-wong. A pesar de las órdenes de evacuación anunciadas el sábado, algunas personas permanecieron en sus hogares. Los equipos de rescate salvaron a 14 personas atrapadas en un techo en un barrio afectado por inundaciones, y una familia fue rescatada después de que el padre llamara a las autoridades en pánico temiendo que el techo de su casa fuera arrancado. El Secretario de Defensa Gilberto Teodoro Jr enfatizó el potencial catastrófico de la tormenta, especialmente para áreas como la provincia de Cebu, la más afectada por Kalmaegi, y la región metropolitana de Manila, hogar de más de 13 millones de personas y centro económico del país.\n\nSe estimó que más de 30 millones de personas estaban en riesgo por los impactos de la tormenta, lo que provocó el cierre de escuelas y oficinas gubernamentales en las provincias del norte afectadas el lunes y martes. Durante el fin de semana, al menos 325 vuelos nacionales y 61 internacionales fueron cancelados, mientras miles de viajeros y trabajadores de carga quedaron varados en puertos marítimos debido a mares agitados y una prohibición de viajes en embarcaciones. La Oficina de Defensa Civil instó enérgicamente a los residentes a cumplir con las órdenes de evacuación, advirtiendo que los esfuerzos de rescate se vuelven exponencialmente más difíciles una vez que comienzan las inundaciones o el tifón ha tocado tierra.\n\nEl impacto combinado de estos tifones consecutivos ha sobrecargado los mecanismos de respuesta a desastres, con aguas de inundación ya apilando vehículos y causando interrupciones generalizadas. Las provincias de la región de Bicol, vulnerables tanto a ciclones como a flujos de lodo volcánico del Volcán Mayon, estaban especialmente en alerta máxima. Funcionarios locales y oficiales de mitigación de desastres trabajaron día y noche para preparar centros de evacuación y ayudar a comunidades vulnerables. Sin embargo, persisten desafíos de comunicación y movilidad, aumentando los riesgos para las personas que permanecen a pesar de las advertencias.\n\nEsta crisis dual de tifones destaca la necesidad urgente de mejorar la preparación ante desastres y la infraestructura resiliente en Filipinas, un país frecuentemente azotado por ciclones tropicales severos. La rápida declaración de estado de emergencia por parte del gobierno y los esfuerzos coordinados de evacuación probablemente salvaron miles de vidas, pero persisten desafíos para asegurar el cumplimiento total y una respuesta rápida en áreas remotas. Mientras continúan los esfuerzos de recuperación de Kalmaegi, el poderoso asalto de Fung-wong subraya la vulnerabilidad continua de millones ante desastres relacionados con el clima en la región.