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Desde septiembre del año pasado, los legisladores estadounidenses han intentado repetidamente cerrar una flagrante laguna que permite a China eludir las prohibiciones de exportación alquilando potentes chips de IA estadounidenses a través de servicios en la nube con sede en EE. UU. A pesar de cuatro intentos legislativos, todas las propuestas fracasaron, en gran parte debido a la intensa presión de más de cien cabilderos del sector tecnológico que buscan influir en las decisiones. Esta tensión continua sobre la venta de tecnología a China es un punto crítico mientras los presidentes Trump y Xi se preparan para una reunión importante, con miles de millones de dólares y el futuro del dominio tecnológico en juego.\n\nMientras el gobierno de EE. UU. advierte públicamente sobre la tecnología de vigilancia de China y los abusos de derechos humanos, una investigación de Associated Press reveló una realidad más complicada. A lo largo de cinco administraciones presidenciales, EE. UU. ha permitido e incluso facilitado que empresas estadounidenses vendan tecnología a la policía china, organismos gubernamentales y empresas de vigilancia. El Congreso, a pesar de algunos intentos bipartidistas, ha pasado por alto lagunas como el alquiler de servicios en la nube, revendedores terceros y exenciones derivadas de sanciones históricas, como las impuestas tras la masacre de la Plaza Tiananmén.\n\nPor ejemplo, a pesar de las restricciones a la exportación de chips avanzados, China compró equipos para fabricación de chips por valor de 20.700 millones de dólares a empresas estadounidenses en 2024, con el objetivo de impulsar su propia industria de semiconductores, advirtió un informe del Congreso. Esta renuencia a hacer cumplir estrictamente los controles refleja la inmensa influencia de la industria tecnológica, especialmente visible bajo la administración Trump. Recientemente, Trump negoció grandes acuerdos que vinculan más estrechamente la economía estadounidense con las exportaciones tecnológicas a China, incluso involucrando participaciones gubernamentales directas en empresas como Intel. En agosto, acordó levantar las restricciones a la exportación de chips avanzados vendidos a China por Nvidia y AMD a cambio de un recorte del 15 % en los ingresos, a pesar de las preocupaciones de seguridad nacional sobre que los chips podrían ayudar a los servicios militares y de inteligencia chinos. Durante el mismo mes, el gobierno de EE. UU. adquirió una participación del 10 % en Intel, valorada en alrededor de 11.000 millones de dólares.\n\nEl activista chino Zhou Fengsuo, quien fue líder estudiantil durante las protestas de Tiananmén y ahora es ciudadano estadounidense, criticó al gobierno de EE. UU. por permitir que las empresas estadounidenses establezcan la agenda mientras ignoran su papel en facilitar la vigilancia y censura del gobierno chino. Zhou testificó ante el Congreso en 2024, instando a investigar cómo las empresas tecnológicas estadounidenses contribuyen al estado de vigilancia de China. Una investigación de AP encontró que estas empresas han desempeñado un papel significativo en la construcción y diseño de infraestructura de vigilancia que facilita abusos de derechos humanos. Zhou atribuyó el silencio y la demora en abordar estos problemas a motivos de lucro y calificó el enfoque de EE. UU. como un fracaso estratégico.\n\nLos esfuerzos de cabildeo de las empresas tecnológicas y de telecomunicaciones estadounidenses son inmensos, con cientos de millones gastados durante dos décadas para influir en la legislación relacionada con el comercio con China. Las empresas argumentan que mayores restricciones a la exportación solo empujarían a China a desarrollar sus propias capacidades tecnológicas, socavando en última instancia los objetivos económicos de EE. UU. Nvidia ha declarado que no produce tecnologías de vigilancia ni trabaja directamente con la policía china, mientras que Intel mantiene el cumplimiento de los controles de exportación, aunque los detalles sobre su acuerdo gubernamental siguen siendo vagos. AMD no ha comentado, y las agencias gubernamentales también permanecieron en silencio sobre el tema.\n\nUna gran laguna implica que las empresas chinas accedan a chips avanzados indirectamente a través de servicios en la nube como Microsoft Azure y Amazon Web Services (AWS). A pesar de las prohibiciones de exportación, estas plataformas en la nube permiten a clientes chinos, incluidas empresas estatales e institutos de investigación, usar capacidades de IA y análisis de big data. Notablemente, empresas bajo sanciones estadounidenses por abusos de derechos humanos, como Dahua y Hikvision, continúan usando AWS para proveer productos de vigilancia en el extranjero. Microsoft negó proporcionar servicios directos a estas empresas, y OpenAI, que opera en Azure, afirmó que bloquea el acceso a China bajo las políticas de Microsoft. AWS no respondió a consultas sobre esta laguna.\n\nEsta intrincada red de lagunas políticas, intereses económicos y preocupaciones de seguridad nacional destaca la complejidad y contradicciones en la relación tecnológica entre EE. UU. y China. A pesar de la retórica sobre proteger los intereses y valores estadounidenses, la realidad está marcada por intercambios comerciales continuos y compromisos políticos que complican los esfuerzos para frenar las capacidades de vigilancia de China.